Hay muy pocos videojuegos capaces de hacerte perder la noción del tiempo como lo hace Rhythm Paradise Groove. Empiezas una partida convencido de que solo vas a superar un par de minijuegos antes de apagar la consola y, sin darte cuenta, llevas más de una hora intentando conseguir la medalla perfecta en una prueba completamente absurda sobre pelar cebollas, hacer rebotar fruta con los bíceps o seguir el ritmo de un dinosaurio hambriento.
Esa sigue siendo la gran magia de Rhythm Paradise Groove. Nintendo no ha cambiado la esencia de una fórmula que lleva funcionando más de veinte años porque, sencillamente, no lo necesita. La combinación de controles sencillos, canciones pegadizas, humor visual y un diseño de minijuegos brillante continúa siendo tan divertida como siempre.
Lo mejor es que esta nueva entrega no vive únicamente de esa base. Con cerca de 80 minijuegos, un cooperativo local sorprendentemente completo, multitud de desbloqueables y un inesperado modo RPG llamado Beatspell, estamos probablemente ante el Rhythm Paradise más ambicioso y con más contenido de toda la saga. No todo funciona igual de bien y algunas decisiones le restan frescura, pero vuelve a demostrar por qué Nintendo sigue teniendo una de las franquicias musicales más especiales de la industria.
Rhythm Paradise Groove vuelve a demostrar por qué su fórmula sigue funcionando
La gran virtud de Rhythm Paradise Groove es que entiende perfectamente qué lo ha convertido en una saga tan querida durante más de dos décadas. No necesita reinventarse con sistemas innecesariamente complejos ni transformar por completo su identidad. Su objetivo sigue siendo el mismo: ofrecer una sucesión de minijuegos musicales tan simples de entender como difíciles de dominar.
Cada prueba apenas requiere uno o dos botones, pero detrás de esa aparente sencillez se esconde un diseño brillante. El ritmo, la sincronización y la capacidad para interpretar las señales visuales y sonoras hacen que cada desafío tenga personalidad propia. Es una fórmula que cualquiera puede entender en cuestión de segundos y que, al mismo tiempo, consigue mantener el interés durante horas.
Minijuegos sencillos, pero imposibles de dejar
Una de las mayores virtudes del juego es cómo consigue convertir situaciones completamente absurdas en algunos de los retos más divertidos del catálogo de Nintendo. Un dinosaurio devorando brotes, unos robots intentando transportar flanes sin romperlos o un peculiar partido de voleibol son solo algunos ejemplos del ingenio que desprende cada una de sus pruebas.
La progresión también está muy bien medida. Los primeros compases sirven para entender las mecánicas básicas, pero poco a poco los ritmos se vuelven más exigentes, aparecen nuevas variantes y los remix mezclan varias pruebas anteriores para poner a prueba todo lo aprendido. Son precisamente estos niveles los que suelen ofrecer algunos de los momentos más memorables de toda la aventura.
Además, el sistema de medallas invita constantemente a volver sobre los minijuegos para perfeccionar nuestras actuaciones. Es muy fácil caer en el clásico «una partida más» intentando conseguir esa puntuación perfecta que se nos ha escapado por un único fallo.
El humor visual continúa siendo uno de sus mayores aciertos
Si algo diferencia a Rhythm Paradise de cualquier otro juego musical es su personalidad. El humor absurdo sigue siendo una parte fundamental de la experiencia y vuelve a estar presente en prácticamente todos los minijuegos.
Las animaciones, las expresiones de los personajes y las extravagantes situaciones que plantea cada prueba consiguen arrancar una sonrisa incluso después de repetirlas varias veces. Hay momentos que parecen auténticos videoclips interactivos, donde música, ritmo y puesta en escena trabajan juntos para crear una experiencia tan divertida como inolvidable.
El Rhythm Paradise con más contenido hasta la fecha
Una de las mayores sorpresas de esta entrega llega cuando empiezas a darte cuenta de todo lo que todavía queda por desbloquear. A simple vista puede parecer un juego relativamente pequeño, pero conforme avanzan las horas aparecen nuevos desafíos, contenidos adicionales y modos que convierten a Rhythm Paradise Groove en la entrega más completa de la franquicia.
Sus cerca de 80 minijuegos ya justifican buena parte de la experiencia, pero la búsqueda de todas las medallas, los desafíos especiales y el contenido desbloqueable consiguen que la duración sea bastante mayor de lo que cabría esperar en un juego de este género.
Personalmente, cada vez agradezco más este tipo de propuestas. Juegos que ofrecen una duración muy bien medida porque realmente tienen ideas para sostenerla, y no porque necesiten alargar artificialmente la aventura con contenido de relleno.
Beatspell es una sorpresa muy agradable
Entre todas las novedades, Beatspell merece una mención especial. Este pequeño modo RPG introduce una estructura completamente diferente donde seguimos el ritmo para lanzar hechizos, derrotar enemigos, subir de nivel y mejorar nuestras habilidades.
No pretende convertirse en un juego independiente dentro del propio Rhythm Paradise, pero sí aporta suficiente personalidad como para sentirse algo más que un simple extra. Su duración es contenida, pero funciona muy bien como descanso entre los minijuegos tradicionales y demuestra que la saga todavía tiene margen para experimentar sin perder su identidad.
El cooperativo añade muchas horas de diversión
Otra de las grandes incorporaciones es el modo multijugador local para hasta cuatro jugadores. Lejos de limitarse a trasladar las pruebas individuales, propone situaciones pensadas específicamente para jugar en compañía, donde la coordinación y el sentido del ritmo de todos los participantes son fundamentales.
La mayoría de propuestas tienen un enfoque cooperativo, algo que encaja perfectamente con el espíritu desenfadado de la franquicia y que convierte al juego en una opción fantástica para disfrutar en reuniones con amigos o en familia.
Lo que no termina de convencer
Echo de menos más minijuegos completamente nuevos
Mi principal crítica tiene que ver con la reutilización de algunos contenidos. Varios minijuegos aparecen dos e incluso tres veces con pequeñas variaciones, algo que personalmente me ha dejado una sensación agridulce.
Siguen siendo divertidos y las modificaciones introducen nuevos desafíos, pero teniendo en cuenta el enorme nivel creativo que siempre ha caracterizado a la saga, habría preferido que ese espacio se hubiera aprovechado para incorporar más ideas completamente originales. Es uno de esos casos donde la cantidad termina restando un poco de frescura a la experiencia.
La interfaz es la menos inspirada de la saga
También me ha parecido que la presentación de los menús está un paso por detrás de entregas anteriores. Todo resulta funcional y navegar por las distintas opciones es muy sencillo, pero visualmente transmite una sensación demasiado austera para un juego con tanta personalidad artística.
No afecta a la experiencia de juego, aunque sí deja la impresión de que Nintendo podría haber cuidado algo más este apartado.
El modo televisor sigue sin ser la mejor opción
Aunque el juego incorpora herramientas para calibrar el retardo de imagen, la experiencia sigue siendo claramente superior en modo portátil o utilizando Joy-Con directamente en sobremesa. Dependiendo del televisor y del sistema de sonido pueden aparecer pequeños desfases que, en un juego donde la precisión lo es absolutamente todo, terminan resultando frustrantes.
No es un problema exclusivo de Rhythm Paradise Groove, pero conviene tenerlo en cuenta si quieres disfrutar de la mejor experiencia posible.
¿Merece la pena Rhythm Paradise Groove?
Rhythm Paradise Groove no intenta reinventar una saga que nunca ha necesitado hacerlo. Lo que hace es ampliar una fórmula que sigue funcionando igual de bien que hace veinte años, añadiendo más contenido, nuevas ideas como Beatspell y un multijugador que aporta todavía más rejugabilidad.
La jugabilidad vuelve a ser fantástica, las canciones consiguen quedarse en la cabeza durante días y el humor visual continúa siendo uno de los grandes sellos de identidad de la franquicia. Además, el enorme número de minijuegos y desbloqueables convierten esta entrega en la más completa que ha recibido la serie hasta la fecha.
Sí, me habría gustado encontrar más minijuegos completamente nuevos y una interfaz algo más trabajada, pero son defectos menores dentro de un juego que vuelve a demostrar por qué Nintendo sigue siendo un referente cuando se trata de diseñar experiencias musicales accesibles, originales y tremendamente divertidas.
Rhythm Paradise Groove no solo es uno de los mejores juegos musicales disponibles actualmente en Nintendo Switch y Nintendo Switch 2, sino también la mejor puerta de entrada para descubrir una saga que sigue siendo absolutamente única.
Nota final
8,5/10
Lo mejor
- La jugabilidad vuelve a ser una auténtica maravilla.
- Cerca de 80 minijuegos y una duración muy superior a lo esperado.
- Beatspell aporta un toque fresco y muy divertido.
- El humor visual sigue siendo uno de los mayores atractivos de la saga.
- El cooperativo local multiplica la rejugabilidad.
Lo peor
- Se reutilizan algunos minijuegos en lugar de introducir más pruebas completamente nuevas.
- La interfaz es la menos inspirada de toda la franquicia.
- El modo televisor puede presentar problemas de sincronización dependiendo del equipo utilizado.

















