Me gusta cuando un juego decide por sí mismo qué es lo que desea hacer conmigo como jugador. Me gusta cuando no se limita a repetir una fórmula conocida, cuando en lugar de llevarme por el camino más obvio, me obliga a entender su lenguaje, su ritmo y sus propias reglas. Y esa es una enorme carta de presentación para Yoshi and the Mysterious Book.
Porque lo nuevo de Yoshi no quiere ser simplemente otro plataformas simpático con un envoltorio bonito. Quiere que observes, que pruebes, que experimentes y que juegues con el escenario como si cada fase fuese una pequeña caja de sorpresas. Sí, su apartado artístico entra por los ojos desde el primer segundo, pero lo realmente interesante está en cómo utiliza esa apariencia de cuento para esconder una propuesta mucho más particular de lo que parece.
Yoshi and the Mysterious Book no busca impresionar al jugador. Lo suyo va por otro lado: por la curiosidad, por el descubrimiento y por esa sensación tan satisfactoria de estar entendiendo poco a poco qué espera de ti cada nivel. Y ahí es donde más brilla.
Un plataformas que quiere jugar contigo de otra manera
Lo más interesante de esta aventura es que no intenta ser un plataformas al uso. Yoshi conserva buena parte de sus movimientos clásicos, sí, pero aquí el núcleo de la experiencia no está tanto en saltar mejor que nunca como en entender qué lógica tiene cada página del libro. Cada nivel gira alrededor de una criatura, una situación o una mecánica concreta, y a partir de ahí el juego te anima a trastear con todo lo que te rodea y con lo que hace cada una de las criaturas a las que una vez exploradas sus zonas, le puedes poner el nombre que desees.
No se trata simplemente de avanzar de izquierda a derecha hasta la meta. La gracia está en observar, en probar, en equivocarte y en descubrir qué ocurre cuando mezclas elementos del escenario, transportas una criatura concreta o utilizas sus propiedades en el lugar adecuado. Esa idea le da muchísima frescura al conjunto y hace que Yoshi and the Mysterious Book se sienta distinto incluso dentro del catálogo de Nintendo.
Las mezclas y reacciones del entorno son su mejor idea
Si hay una mecánica que define por completo al juego, es esta. Las mezclas y reacciones del entorno en función de lo que llevas en la boca o a lomos de Yoshi son sensacionales. No solo porque sean originales, sino porque están integradas en el propio ADN del diseño de niveles.
Hay algo muy satisfactorio en probar una idea aparentemente absurda y descubrir que el juego sí la había contemplado. Te tragas un objeto, arrastras una criatura hasta otro punto del mapa, la acercas a otro elemento y, de repente, aparece una reacción en cadena que cambia por completo la fase. A veces sirve para desbloquear un camino, otras para conseguir una estrella y otras simplemente para enseñarte una interacción inesperada. Casi siempre, eso sí, la recompensa está en la sensación de descubrimiento.
Y eso es justo lo que convierte a esta entrega en algo especial: no solo te deja experimentar, sino que te anima constantemente a hacerlo.
Diseño de niveles: amable por fuera, puñetero por dentro
A primera vista, Yoshi and the Mysterious Book puede parecer un juego bastante relajado, incluso demasiado fácil. Y, en cierto sentido, lo es. La ruta principal no aprieta demasiado, avanzar suele ser sencillo y en ningún momento parece que quiera poner al jugador contra las cuerdas porque además, no hay ningún tipo de daño para Yoshi. Pero eso cambia bastante cuando decides rascar de verdad todo lo que tiene dentro.
Buscar todas las estrellas cambia por completo la experiencia
En nuestro caso, hemos llegado a pasar cerca de una hora en un mismo nivel intentando encontrar todas las estrellas. Y eso dice mucho del trabajo que hay detrás de cada fase. Algunas están escondidas con muy mala leche, otras exigen entender al dedillo cómo funcionan las interacciones del escenario y otras requieren observar detalles que pasan totalmente desapercibidos en una primera vuelta.
Ahí es donde el diseño de niveles gana muchísimo valor. Porque el reto no está tanto en sobrevivir como en completar de verdad cada página del libro en las que algunas incluso necesitas realizar backtracking con algunas de las criaturas que acabas de conseguir. El juego puede parecer excesivamente amable si solo vas al objetivo principal, pero cuando decides exprimirlo se convierte en una experiencia mucho más rica e interesante.
Algunos niveles son una barbaridad de originales
Además, cuando el juego da con una gran idea, lo hace muy bien. Algunos niveles tienen mecánicas geniales y muy originales, hasta el punto de dejar esa sensación tan agradable de estar jugando a algo realmente fresco. Hay páginas que giran alrededor de una criatura concreta, otras que funcionan casi como pequeños rompecabezas y otras que te obligan a mirar el escenario desde una lógica completamente distinta a la habitual en el género.
Puede que no todas las ideas tengan el mismo nivel, pero las mejores son lo bastante buenas como para justificar por sí solas esta nueva dirección para la saga.
Un Yoshi precioso y perfecto para compartir
El apartado artístico es una delicia
Visualmente, el juego entra solo. El apartado artístico es precioso y construye una estética de cuento ilustrado que encaja de maravilla con el tono general de la aventura. No pretende presumir de músculo técnico ni falta que le hace: su fuerza está en la dirección artística, en los colores, en las formas y en esa sensación constante de estar hojeando un libro interactivo lleno de criaturas y pequeños secretos.
Todo tiene muchísimo encanto, y eso ayuda a que incluso los momentos más sencillos resulten agradables de jugar. Nintendo ya había demostrado con anteriores entregas de Yoshi que sabía llevar al personaje a terrenos visuales muy agradecidos, pero aquí vuelve a acertar de lleno.
Ideal para jugar con niños
También es uno de esos juegos que funcionan especialmente bien si tienes peques en casa. Yoshi and the Mysterious Book es perfecto para jugar con niños porque su tono es amable, su estética resulta muy atractiva y su estructura invita a comentar, probar cosas y descubrir secretos en compañía.
Eso no significa que sea un juego exclusivamente infantil. De hecho, buena parte de su gracia está en lo bien que sabe esconder complejidad bajo una fachada adorable. Pero precisamente por eso funciona tan bien en un contexto familiar: puede ser accesible para quien tiene menos experiencia y, al mismo tiempo, suficientemente ingenioso para que quien lleva media vida saltando con Mario también lo disfrute.
Lo mejor llega después de los créditos
Curiosamente, uno de los mayores aciertos del juego también viene con una pequeña pega: lo mejor de Yoshi and the Mysterious Book llega una vez ves los créditos. El contenido postgame guarda algunos de sus momentos más estimulantes y es ahí donde la propuesta termina de desplegar varias de sus ideas más sabrosas.
Por un lado, esto habla muy bien del juego, porque demuestra que todavía tenía muchísimo que ofrecer. Por otro, también deja la sensación de que parte de lo más brillante queda reservado para quien decida profundizar más allá del final principal. En nuestro caso, ese contenido extra ha sido clave para terminar de apreciar del todo la ambición del proyecto.
Lo que no termina de rematar
Es demasiado fácil en varios momentos
El principal problema del juego es que, en varios tramos, peca de ser excesivamente fácil. Se entiende la intención: aquí lo importante es experimentar, no castigar al jugador. Pero aun así hay momentos en los que se echa de menos un poco más de exigencia mecánica, algo más de presión o alguna fase que obligue a afinar más con Yoshi.
La dificultad está claramente desplazada hacia la exploración y la búsqueda de estrellas, no hacia la supervivencia. Y eso tiene sentido dentro de la propuesta, pero no evita que en ocasiones el avance principal resulte demasiado ligero.
Se puede hacer algo corto
Otro punto menos brillante es su duración. Nos ha durado unas 12 horas yendo bastante a conciencia, aunque si alguien va directo al grano puede terminarlo en unas 7 u 8 horas. No es un juego vacío, porque invita bastante a rejugar, investigar y profundizar en sus sistemas, pero sí deja cierta sensación de que el viaje principal podría haber durado un poco más.
También influye que algunas de sus mejores ideas desaparecen demasiado rápido. Hay páginas que casi piden a gritos una segunda o tercera vuelta sobre la misma mecánica, y el juego prefiere seguir pasando hoja.
¿Merece la pena?
Yoshi and the Mysterious Book es un juego con mucha más personalidad de la que su aspecto aparentemente dulce podría hacer pensar y que sin lugar a dudas,
Sus mejores niveles son fantásticos, las mecánicas de mezclas y reacciones del entorno están brillantemente aprovechadas y el diseño de niveles se vuelve mucho más interesante cuando decides ir a por todas las estrellas. Además, su apartado artístico es una preciosidad y funciona especialmente bien como juego para compartir con niños.
No todo está al mismo nivel. A veces es demasiado fácil, se puede hacer algo corto y se echa en falta una gran nueva mecánica propia de Yoshi. También da algo de rabia comprobar que parte de lo mejor llega en el postgame. Pero incluso con esos peros, el resultado merece mucho la pena.
Yoshi and the Mysterious Book no solo da aire fresco al género, sino que deja claro que Nintendo debería seguir explorando este camino con la saga. Si quieres echar un ojo a más análisis y cobertura de Nintendo, puedes pasarte por PlayNius o por su sección de análisis.
Nota final de Yoshi and the Mysterious Book
8,5/10
Lo mejor
- Algunos niveles tienen mecánicas geniales y muy originales
- El apartado artístico es precioso
- Las mezclas y reacciones del entorno son sensacionales
- Buscar todas las estrellas eleva muchísimo el diseño de niveles
- Reexperimenta el género de plataformas y le da una frescura muy agradecida
Lo peor
- En algunos momentos peca de ser excesivamente fácil
- Se puede hacer algo corto si vas al grano
- Se echa en falta una nueva gran mecánica propia de Yoshi
- Parte de lo mejor llega en el postgame















