Una tormenta perfecta para el hardware
El aumento del precio de la memoria RAM no es un fenómeno aislado. Obedece a una combinación de factores como la transición tecnológica hacia memorias DDR5, la creciente demanda del sector de la inteligencia artificial y las tensiones globales en la cadena de suministros.
Esto complica especialmente los planes de Microsoft, Sony o incluso Valve con sus nuevas Steam Machines, cuyos márgenes dependen en gran parte del coste de fabricación. Las consolas podrían llegar con menos memoria, precios más altos o decisiones que comprometan el rendimiento a largo plazo.
El jugador, el más afectado
En el caso de los jugadores de PC, la presión es aún más evidente. Las recomendaciones mínimas para juegos actuales ya hablan de 32 GB de RAM en calidad ultra, pero el precio de estos módulos se está volviendo prohibitivo. Si no puedes ampliar tu equipo, te quedarás fuera del estándar moderno.
Además, herramientas como Unreal Engine 5 y tecnologías como Lumen o Nanite requieren una enorme cantidad de memoria para ejecutarse correctamente. Su adopción podría ralentizarse, y eso tendrá consecuencias directas en los gráficos y el diseño de los futuros juegos.
¿El futuro está en la nube?
Ante este panorama, algunos apuestan por el juego en la nube como alternativa. Pero ni Xbox Cloud Gaming ni el servicio de streaming de PlayStation han demostrado aún ser capaces de sustituir al hardware local. Por ahora, seguimos dependiendo de componentes físicos… y del precio que tengan.
Un salto generacional limitado
Lo preocupante es que la subida del precio de la RAM podría provocar que el próximo salto generacional sea mucho más conservador. Si los fabricantes no logran equilibrar coste y rendimiento, los juegos no podrán avanzar al ritmo que la tecnología lo permite. Y eso afectará no solo a los gráficos, sino a la escala, ambición y complejidad de los futuros lanzamientos.
En resumen: la memoria, ese componente silencioso pero fundamental, se ha convertido en el nuevo cuello de botella para el desarrollo de videojuegos. Y con ello, en una amenaza silenciosa para el futuro del gaming tal como lo conocemos.














