La crisis de la memoria RAM sigue creciendo y sus efectos empiezan a notarse mucho más allá de las tarjetas o los módulos de memoria. Lo que comenzó como un problema relacionado con la demanda tecnológica y la inteligencia artificial ya está afectando directamente a fabricantes de placas base, SSD y futuros dispositivos gaming.
Y lo peor es que las previsiones no son precisamente optimistas. Según varias estimaciones del sector, la situación podría prolongarse todavía durante varios años, afectando tanto al mercado de PC como al de consolas.
La subida de precios empieza a bloquear las actualizaciones
Uno de los principales problemas es bastante sencillo de entender: cada vez resulta más caro renovar un ordenador completo. El aumento del precio de memorias RAM y SSD está provocando que muchos usuarios decidan retrasar cualquier actualización importante. Y eso termina golpeando también a fabricantes que, en teoría, no dependen directamente de esos componentes.
Empresas como MSI, ASUS, Gigabyte o ASRock estarían viendo cómo cae la demanda de placas base debido a que muchos consumidores ya no pueden asumir el coste total de renovar su equipo.
Buena parte de esta situación vuelve a tener relación directa con la explosión de la inteligencia artificial. Las grandes compañías tecnológicas están absorbiendo enormes cantidades de memoria y componentes para alimentar servidores, centros de datos y sistemas de entrenamiento de IA.
Esto está tensionando todavía más las cadenas de suministro y disparando los costes para el consumidor tradicional. De hecho, ya hemos visto cómo esta situación también empieza a afectar a futuros dispositivos gaming, incluyendo proyectos como Project Helix, la próxima generación de Xbox.
Las tensiones internacionales agravan todavía más la situación
El problema no se limita únicamente a la demanda tecnológica. Factores geopolíticos recientes también están empeorando la situación global.
El cierre del estrecho de Ormuz y las tensiones relacionadas con Irán han afectado a importantes rutas marítimas y cadenas de distribución internacionales. Todo esto termina repercutiendo directamente en el precio final de componentes y hardware.
Uno de los casos más llamativos sería el de ASUS. Según las previsiones actuales, la compañía podría cerrar 2026 con unas cifras muy inferiores a las de años anteriores.
El mercado de placas base atraviesa uno de sus momentos más delicados, especialmente porque muchos usuarios consideran que los saltos generacionales actuales ya no justifican inversiones tan elevadas. Y esa percepción también está afectando al mercado gaming.
El problema afecta tanto a PC como a consolas
Aunque normalmente este tipo de crisis se asocian más al PC, la realidad es que el impacto termina llegando a toda la industria. El precio de futuras consolas, tarjetas gráficas, SSD o incluso accesorios depende directamente de cómo evolucione la disponibilidad de componentes durante los próximos años.
Por eso la crisis de la memoria RAM ya se está convirtiendo en uno de los grandes problemas tecnológicos de esta generación. Y viendo cómo evoluciona el mercado, parece difícil que la situación vaya a estabilizarse a corto plazo.















